Bad Bunny celebra a Puerto Rico ante un Bithorn repleto
Con Víctor Manuelle como invitado especial, Benito cerró sus conciertos en San Juan en una noche que mezcló música urbana, salsa, plena, tradición y orgullo puertorriqueño.

La noche del 23 de agosto dejó una imagen difícil de olvidar… un Estadio Hiram Bithorn lleno de punta a punta para recibir a Bad Bunny en uno de los conciertos más esperados de su gira “Debí Tirar Más Fotos”.
Más allá de gustos musicales, lo que ha logrado Benito Antonio Martínez Ocasio es impresionante. El artista puertorriqueño ha llevado su música y, sobre todo, elementos de nuestra cultura a escenarios que hace algunos años parecían imposibles. El concierto fue mucho más que una presentación de música urbana. Bad Bunny creó un recorrido por diferentes sonidos y emociones. Temas de su álbum más reciente, como “Turista”, “Baile Inolvidable” y “La Mudanza”, encontraron una respuesta enorme de un público que cantó prácticamente de principio a fin. Uno de los momentos más especiales fue escuchar a miles de personas celebrar ritmos profundamente ligados a Puerto Rico. La salsa, la plena y los aguinaldos tuvieron su espacio dentro de un espectáculo moderno y de gran producción. Fue una mezcla de generaciones y estilos que, de alguna manera, terminó contando una historia sobre quiénes somos. Para este último concierto, Bad Bunny tuvo como invitado a Víctor Manuelle. La presencia del “Sonero de la Juventud” tuvo un significado particular porque Víctor fue uno de los primeros grandes salseros que le abrió las puertas a Benito dentro del género. Años atrás lo invitó a cantar en “Mala y Peligrosa”, una colaboración que en su momento sorprendió a muchos y que hoy se puede mirar como una especie de adelanto de lo que vendría después. La escena también conectó con lo ocurrido durante su residencia en el Coliseo de Puerto Rico, donde figuras como Gilberto Santa Rosa, Rubén Blades y Marc Anthony compartieron con Bad Bunny. Ver ahora a Víctor Manuelle en el cierre de estos conciertos reforzó esa relación cada vez más cercana de Benito con la salsa y con artistas que representan distintas generaciones de nuestra música.
También hubo espacio para mensajes sobre Puerto Rico, su identidad y su gente. En esta etapa de su carrera, Bad Bunny parece apostar por una manera de comunicar sus ideas que busca llegar a más personas. No necesariamente hay que pensar igual que él para reconocer el peso cultural y social que ha alcanzado. Después de su histórica residencia en Puerto Rico, su participación en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl y ahora esta nueva etapa de conciertos, queda claro que estamos viendo un momento importante en la carrera de un artista puertorriqueño que continúa rompiendo fronteras.
Y quizás esa fue una de las grandes impresiones de la noche… mirar alrededor del Hiram Bithorn, ver aquella multitud y entender la dimensión de lo que estaba ocurriendo. No era solamente un concierto de Bad Bunny. Era una enorme celebración de Puerto Rico, de su música, de su cultura y de una generación que está contando nuestra historia a su manera.