El eterno sabor de Nacho Sanabria

Escrito por Ricardo Padilla
En el mundo de la salsa hay artistas que, aunque no siempre reciben el reconocimiento masivo que merecen, dejan huellas profundas en quienes conocen y aprecian el género. Uno de esos héroes silenciosos fue Nacho Sanabria, nombre artístico de Ignacio Sanabria Vázquez, un puertorriqueño que vivió para la música y la defendió con autenticidad y sabor.
Desde sus inicios, Nacho demostró su talento como vocalista en agrupaciones de leyendas como Rafael Cortijo y Mongo Santamaría, lo que habla del respeto que se ganó entre los grandes. Pero no se conformó con ser parte de la historia de otros: decidió escribir la suya propia formando su agrupación, El sabor de Nacho, un nombre que le hacía justicia al estilo único que logró desarrollar.
Inspirado en el formato de conjunto popularizado por Arsenio Rodríguez en Cuba, Nacho adaptó ese sonido a su manera, con elegancia, cadencia y una voz que sabía guiar al bailador pero también acariciar el alma en un bolero. Su repertorio es testimonio de su versatilidad: desde piezas como Mambo Batiri, La Ruñidera y Sansón Batalla, hasta baladas como Amada Amante, que interpretó con gran sentimiento.
A lo largo de su carrera, El sabor de Nacho se mantuvo fiel a su esencia, sin ceder a modas ni fórmulas pasajeras. Su música era una clase magistral de tradición, sabor y calidad, un festín para quienes aman el son en su forma más pura.
Tuve el privilegio de entrevistarlo y compartir almuerzos con él. En cada encuentro, Nacho se mostraba tal como era: humilde, afable y lleno de sabiduría. Recuerdo especialmente cuando me contó que, en los años sesenta, rechazó una oferta para integrarse al conjunto de Johnny Pacheco. Su deseo era volver a Puerto Rico, su tierra, donde siempre quiso estar y donde dejó un legado imborrable.
Hoy despedimos a un maestro. A un cantante que no buscó fama, pero sí respeto. Que no se dejó moldear por la industria, pero sí por su amor a la música.
Descansa en paz, Nacho Sanabria. Tu sabor no se apaga, porque vive en cada nota que grabaste y en cada corazón que sabe escuchar salsa con el alma.